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Puerta de Jaén y Arco de VillalarPrimer Tercio del siglo XVI.

Formando parte del bello emplazamiento que supone la Plaza del Pópulo, antigua Plaza Baja, encontramos estos dos monumentos.

El arco de Villalar se erigió en 1522 para conmemorar la victoria del ejército de Carlos I sobre los rebeldes comuneros en la Batalla de Villalar. La victoria tuvo lugar el 23 de Abril de 1521. Se inserta el conflicto dentro del marco de la revuelta y guerra de las Comunidades, que fue un levantamiento de las ciudades castellanas del interior de carácter político. La ciudad se vio dividida en dos tendencias capitaneadas por los dos linajes que se habían significado enemigos a través del tiempo, Benavides y Carvajales. Los primeros adeptos al movimiento de las comunidades y los segundos fieles al Emperador. En cualquier caso, las posturas enfrentadas de ambos linajes era debido a la antipatía que se profesaban más que a convicciones políticas. En estos momentos el Concejo de la ciudad era controlado por los Carvajales, por tanto la postura de los Benavides no sería más que una manifestación de oposición a la política del Imperio. Reminiscencias de este tipo de construcciones conmemorativas las encontramos en Roma, en los arcos de triunfo que se construían para conmemorar la victoria de alguna batalla. Tal es el caso del Arco de Tito (s. I d.C.) o de Constantino (S. IV d.C.) aunque en estos casos la decoración escultórica era parte esencial como narradora de las hazañas del Emperador.

Estructuralmente es un enorme arco apuntado con un gran vano, dovelas radiales situadas sobre imposta y jambas. Sobre una cornisa aparecen grandes almenas. Se inserta dentro del estilo plateresco imperante ya en la zona.

La Puerta de Jaén constituía uno de los accesos más importantes del antiguo recinto amurallado medieval que, Isabel la Católica mandó demoler en 1476 ante los enfrentamientos continuos de las familias de los Carvajales y los Benavides. Fueron los auténticos causantes del cambio que se operó en la morfología de la ciudad, que quedó desprotegida casi setenta años hasta que surgió el peligro durante el reinado de Carlos V, de un posible ataque de Solimán el Magnífico por lo cual se mandó restaurar la muralla. Al igual que cualquier ciudad de pasado islámico, la muralla era el elemento delimitador y los caminos de comunicación con las diferentes ciudades, determinaban la ubicación de las diferentes puertas del recinto. En la de Jaén, situada en la zona norte, se reunían los caminos de Ibros, Canena y Cástulo. Una vez que las puertas de la ciudad perdieron su valor de defensa porque se ubicaba más población en la zona de extramuros, se convirtieron en símbolos de la grandeza de la ciudad.

Se levanta el arco en 1526 sobre el antiguo acceso a instancias del corregidor Álvaro de Lugo para conmemorar la visita del emperador Carlos V tras su matrimonio en Sevilla con Isabel de Portugal. La ciudad que encuentra el Monarca, es una ciudad con un espíritu renovador inmersa en un renacimiento que poco a poco va inundando la ciudad de bellos edificios.

La puerta, al igual que el arco, se realiza en sillería conformando un arco apuntado con dovelas y jambas. Sobre el arco, una moldura que alberga los escudos de Carlos V, el de la ciudad de Baeza y el del Corregidor. A los lados del conjunto, dos contrafuertes cilíndricos coronados con almenas.

ROSA MARÍA LÓPEZ RUZ