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SIGLOS XV-XVIII

Palacio JabalquintoEste magistral edificio fue mandado construir por Juan Alfonso de Benavides Manrique, señor de Jabalquinto, primo segundo del rey Fernando el Católico casado con Doña Beatriz de Valencia Bracamonte. En el año 1720 dejó de ser residencia de los señores y pasó a formar parte del seminario conciliar de San Felipe Neri que vio ampliado su espacio. Los señores cedieron el palacio pero reservándose no obstante el derecho de habitarlo siempre que ellos o sus sucesores fueran a Baeza. El palacio y el seminario quedaron unidos por un pasaje actualmente transformado en un jardín.

Se inicia el Palacio a finales del siglo XV. Desde estas fechas, Baeza vive un gran auge económico que se refleja en la construcción de edificios de carácter civil en los que los grandes señores de la ciudad, invierten sus riquezas y hacen gala de su ostentación. Esta edificación aúna los diversos estilos que se importan de Europa, con las formas originales de la Península. De su fábrica gótica, solo se conserva la fachada flamígera. El resto de la edificación se prolongó en su construcción incluso entrado el siglo XVIII. Las trazas se atribuyen a Enrique Egas y la fachada a Juan Guas, dos de los arquitectos predilectos de Isabel la Católica. Como ejecutor de la obra, Pedro López que fuera maestro mayor de la Catedral de Jaén.

La fachada consta de dos cuerpos que se elevan sobre un zócalo moldurado que marca el desnivel de la calle. El primero de ellos lo centra la puerta, formada por un arco conopial decorado con temas fantásticos y recorrido por dos troncos por los que trepan figuras humanas. Está enmarcada por pináculos góticos. En el segundo cuerpo, cuatro ventanas geminadas, unidas las dos centrales enmarcadas también entre pináculos y ajimezadas con delicadas columnillas de mármol. Repiten las ventanas el mismo modelo ornamental de la portada. Rematan la fachada ocho escudos con yelmo, cimeras y lambrequines, cuatro del señor de Jabalquinto, Benavides, Manrique, Mendoza y Rojas y cuatro de su esposa, Valencia, Bracamonte, Acuña y Mendoza. En el centro, un estandarte ornamentado con bolas. El conjunto se enmarca con dos contrafuertes cilíndricos con capitel de mocárabes coronados por antepechos similares a los de las ventanas. El mirador que remata el conjunto, fue añadido posteriormente. Son arcos de medio punto moldurados con corazón en la clave. Llama poderosamente la atención la decoración de la fachada que, salvo los vanos laterales, ocupa todo el espacio. Abundan puntas de diamante, florones, clavos de piña, lazos, pináculos y mocárabes, todo ello siguiendo la rica ornamentación que observamos en muchos palacios castellanos de estilo plateresco como la Casa de los Picos de Segovia o la Casa de las Conchas en Salamanca.

El interior se articula por medio de un patio, bello ejemplo renacentista con apuntes barrocos. Posee doble arcada con columnas de mármol de capitel corintio, fuste liso y basa sobre plinto con decoración de escudos en todas las enjutas salvo las del ángulo que albergan figuras putti. En el intradós de las claves de los dos últimos arcos que encontramos entrando a la izquierda, aparecen dos fechas 1599 y 1600. Posee una magnífica escalera de finales del siglo XVII principios del XVIII. El acceso a ella se realiza mediante un arco a modo de los de triunfo romanos con tres dobles arcos. La baranda es de balaustres y sus entrepaños llevan decoración muy tupida de elementos vegetales y que rodea a un león rampante símbolo del escudo de los Benavides. Encima se sitúan escudos con las siglas de Jesús y María en un corazón. En el descansillo de la escalera se sitúan sobre pedestales dos peanas para los leones que sustentan dos escudos. Todo el espacio se cubre con cúpula sobre pechinas. Es uno de los más bellos ejemplos de arquitectura civil de la ciudad.

ROSA MARÍA LÓPEZ RUZ