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Segundo Tercio del siglo XVI.

Ruinas de San FranciscoLa primera ubicación de los franciscanos en la ciudad de Baeza, se encontraría en la zona de extramuros, probablemente en las cercanías de la Puerta de Úbeda, parte accesible más alta de la ciudad. La guerra entre Pedro I y Enrique II en 1368, daría buena cuenta del peligro de la primitiva ubicación ya que los atacantes hostigaban a los cristianos desde el primitivo convento. Por bula del Papa Gregorio XI, dada en 1373, se autorizó el traslado del convento a la ermita de San León donde posteriormente se fundaría la antigua Universidad y la Iglesia de San Juan Evangelista una vez que la orden volviera a trasladarse de lugar, esta vez al convento de San Antonio en la zona del ejido. Tenemos, por tanto, tres ubicaciones de los franciscanos hasta que tuviera lugar la definitiva en el centro de la ciudad. Quizá la primera ubicación en la zona de extramuros, se deba a la misma naturaleza piadosa y de pobreza de la orden ya que seguramente no faltarían personas nobles dispuestas a financiar su ubicación. Ante la falta de espacio debido al crecimiento de las vocaciones franciscanas, se acordó la construcción del nuevo convento en el centro de la ciudad y que quedó como magnífica muestra de la maestría de Andrés de Vandelvira.

Se inician las obras hacia 1540 a instancias de Don Diego de Valencia y Benavides, Señor de Jabalquinto, empleando el dinero de la dote de su esposa, Dona Leonor de Guzmán y Mendoza, hija de los duques de Medinasidonia. La pretensión del marqués era una suntuosa capilla que diera buena cuenta de lo ilustre de su linaje y al mismo tiempo sirviera de enterramiento, emulando así a la Sacra Capilla de El Salvador en Úbeda. Se inician las obras por la capilla. El resto de la iglesia consta de un crucero con una corta nave y coro alto que se construiría en fechas posteriores en un estilo completamente diferente, más severo y acorde con el espíritu de la orden. Llama poderosamente la atención la discordancia existente entre la Capilla Mayor de la Iglesia del convento y el resto del edificio e incluso se ha pensado que Vandelvira solo se preocupó de la capilla desentendiéndose del resto, sin embargo el maestro proyectó en consonancia ambos espacios pero el dinero se acabó antes incluso de que la Capilla se hubiese concluido. La Capilla es de planta cuadrada, centralizada. Por uno de sus lados se comunica con la nave de la iglesia por medio de un gran arco que se repite igualmente en los otros tres lados. Vandelvira realiza una atrevida arquitectura articulando una bóveda sobre un cuadrado sin emplear pechinas, desdeñando de este modo esta solución clásica de tradición bizantina. Para ello coloca dobles columnas estriadas de orden corintio en las esquinas que alarga interminablemente hasta el arranque de la bóveda rompiendo los cánones pero combinando de algún modo la tradición constructiva con su personal visión. En esta capilla desarrolla por primera vez la bóveda baída, reforzándola por unos arcos cruzados Se conserva el retablo funerario de la capilla lateral, en el lado del Evangelio concebido a modo de gran arco de triunfo. Presenta tres nichos para sepulcros siendo el central de mayor tamaño con doble arco de medio punto, destinado a albergar las restos de Don Diego. Esta venera central presenta un relieve con la imagen del Tetramorfos. Sobre los nichos menores se encuentran dos relieves, La Adoración de los Reyes y de los Pastores. El mismo tema y composición se verá en la Capilla Dorada de la Catedral de Jaén. En las enjutas del arco central encontramos ángeles funerarios. En la parte superior sobre el entablamento, el escudo del fundador. Bajo el altar en lo que fuera presbiterio, se conservan tres enterramientos con arco de medio punto moldurado sobre jambas y pilares exentos La decoración revela el conocimiento del vocabulario clásico y contempla lo pagano como premonición cristiana. Quizá Esteban Jamete que en este momento se encuentra trabajando en El Salvador, dejase su huella.

ROSA MARÍA LÓPEZ RUZ