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Casa de las TorresEs uno de los primeros ejemplos de estilo plateresco que podemos encontrar en Ubeda. Fue mandado edificar en el primer tercio del siglo XVI por el caballero santiaguista Andrés Dávalos de la Cueva, que fue corregidor de Murcia y Guadix. Según afirma José Molina Hipólito en su Guía de Úbeda, se construyó sobre la antigua vivienda del Condestable Don Ruy López Dávalos. Es la primera mansión ubetense a la que se le puede otorgar el título de palaciega.

Su portada se encuentra enmarcada por dos enormes torres (de ahí recibe su nombre) de planta cuadrada, cubiertas a cuatro aguas que refuerzan su aspecto de fortificación. Se encuentran más rebajadas que las originales. La fachada se divide en tres cuerpos. En el primero de ellos la portada de acceso con un arco de medio punto de grandes dovelas enmarcado por columnas labradas. En las albanegas de los arcos aparecen dos tondos que cobijan dos cabezas, una femenina y otra masculina, coronados con laurel cuya función simbólica era la defensa o salvaguarda contra espíritus malignos. Los muros de este primer cuerpo poseen decoración de conchas o veneras aludiendo seguramente a la pertenencia de Don Andrés a la Orden de Santiago. En el segundo cuerpo se aprecia un frontón semicircular que cobija a dos figuras de salvajes cubiertos de pelo ligadas por una cadena que sostienen el escudo de los Dávalos y los Orozco. Este motivo decorativo se observa en otros palacios de la época como la casa del Caballerizo Ortega o la Casa del Camarero Don Francisco Vago conocida como la Casa de los Salvajes. Simbolizaría el encadenamiento de las pasiones humanas, el sometimiento de los vicios en esta vida que hallarán la recompensa celestial. Estos salvajes en pleno lenguaje renacentista, se transformarán en tenantes. A los lados, dos ventanas encuadradas por sendas columnas abalaustradas con parteluz sobre el que descargan dos arcos gemelos decorados con veneras. Todo el cuerpo se halla decorado con relieves de cornucopias, símbolo de la abundancia. El tercer cuerpo se remata con un gran frontón triangular que alberga el escudo de armas familiar. Colaterales al frontón se sitúan dos ventanas de arcos rebajados sobre grandes veneras que cobijan la efigie de Santiago Peregrino a la izquierda y una imagen femenina sin identificar a la derecha. El conjunto de la fachada se remata con un gran friso corrido de grutescos y mascarones y sobre él, una cornisa volada sobre la que apoya una gran crestería gótica, gárgolas y tenantes en los extremos. La fachada con todos los motivos decorativos, constituiría una exaltación del noble linaje de la familia donde está muy presente el carácter simbólico. Estilísticamente, responde a presupuestos castellanos.

El interior se articula en torno a una patio de planta cuadrada con doble galería de arcos de medio punto que apoyan en finas columnas de mármol con capitel de doble ábaco de influencia mudéjar. En la galería superior observamos decoración de tondos con bustos a modo de medallones romanos que alternan con escudos. Aparecen once bustos masculinos y cinco femeninos. En este periodo es muy común la representación de hombre famosos con sus paradigmas femeninos. En estos personajes se aprecian analogías con los representados en la fachada de las Escribanías de Baeza, por tanto quizá obedezcan a la misma fuente. Se identifican algunos de ellos como Minerva, Gedeón, Octavio, Marco Marcial o Lucrecia. Sobre los tondos de esta galería se sitúan gárgolas, símbolo de la irracionalidad. Más que un programa iconográfico coherente, estas representaciones están más cercanas a los ideales caballerescos de la gloria y el honor asociados al culto de los héroes. Debido a las esbeltas columnas este patio no sustenta galerías abovedadas ya que producirían un empuje que quizá no soportaría. En este caso se cubre con el tradicional alfarje de madera. Este patio constituyó un referente para los patios del Hospital de Santiago y del Palacio Vázquez de Molina.

Fue declarado Monumento histórico nacional en 1921. Tras la restauración de 1968, se adaptó a Escuela de Artes Aplicadas y Oficios.

ROSA MARÍA LÓPEZ RUZ